

La piel es un sensor de carencias, recoge muy fácilmente cualquier exceso o falta de cuidado y la de los párpados, en particular, es especialmente sensible.
La inflamación y su tono violáceo, verde o marrón aparece principalmente si no se ha dormido bien, pero una pigmentación determinada de la piel acrecienta su efecto antiestético. El espejo devuelve una imagen de un rostro poco saludable.
Uno de los de defectos que provocan utilizar lentes graduadas es que los ojos tienden a adentrarse en sus cuencas, destacando las ojeras.
La deshidratación es otro de los elementos que puede ocasionar la formación de ojeras; junto a la sequedad de los labios son dos síntomas de que el organismo necesita agua. Al respecto, es necesario beber litro y medio de agua al día e incrementar esta cantidad si hace calor o se ha realizado ejercicio.
Retención de líquidos
También la retención de líquidos ocasiona la formación de bolsas debajo de los ojos. Durante el sueño se suelen retener líquidos. Si al despertar por la mañana los ojos aparecen hinchados, mientras se prepara el desayuno se deben guiñar unas veinte veces seguidas de forma relajada pero contundente. De esta forma se disminuye la inflamación por acumulación.

A cualquier hora son eficaces las gasas empapadas en agua, o en infusión de té o de manzanilla, siempre todo a temperatura fría. Una dieta salada y baja en hidratación favorece las bolsas y las ojeras. Evitar, pues, consumir sal.
El agotamiento y la falta de sueño entorpece la circulación de la sangre y provoca la dilatación de los capilares, que se hacen más visibles en la fina piel del párpado inferior. Esa fatiga en la mirada puede borrarse rallando un trocito de pepino y de zanahoria recién sacados de la nevera. El rallado se aplica en los párpados una vez que la persona se ha tumbado y ha cerrado los ojos. Se deja actuar durante un cuarto de hora y se enjuaga con agua abundante lo más fría posible.
