
Con grandes esfuerzos, porque tenía que compartir mis estudios con un trabajo que tengo de secretaria y la atención a mi marido, llené mi corazón de ilusiones y emprendí el largo camino del saber. Como un regalo caído del cielo, quedé embarazada después de casi 4 años de estar en tratamiento para tener hijos.

Con el frío de invierno, nació mi primogénito el 13 de diciembre de 1996 y yo aún seguía aferrada en mi intento de seguir preparándome.
En marzo de 1997 terminé el bachillerato y meses más tarde presenté mi examen de admisión para ingresar al Instituto Tecnológico de mi ciudad para estudiar Licenciatura en Contaduría.

En el mes de agosto de 1997 tuve mi primer día de clases (yo tenía 25 años en ese entonces). La emoción que sentía era indescriptible. Desde ese momento, me dediqué en cuerpo y alma a mis tres amores: mi familia, mi trabajo y mi estudio.

Las jornadas eran agotadoras, pasaba todo el día en la escuela (de 7 de la mañana a 7 de la noche o de 8 de la mañana a 8 de la noche).
Le eché muchas ganas para sacar buenas calificaciones. Cosa que logré con no muy poco esfuerzo. Pasó un tiempo en el que fui la mujer más dichosa, hasta que la tristeza llegó a mi vida: mi esposo se consiguió otra mujer. En febrero de 1999 decidió irse a vivir con ella porque no quería que yo siguiera estudiando.
