La calidez de una mirada diluye la nieve que lastima,
oscuridad aterciopelada, que invade mis noches
de eterna enamorada.
Esa voz que se refugia en mis oídos,
es música canción de madrugada,
solo tu...solo yo,
fuego helado que se enlazan en cumbres nevadas,
envueltos en llamas mojadas.
Derramando gotas de miel que endulzan,
los epítetos más bellos que existen
en la Biblia del amor,
chispas tiernas...de suave piel,
que encienden fuego en mis venas y
las hace arder,
con vientos fríos del atardecer.
Cabalgando en la lluvia,
llega a mi, un lucero...bello y sonriente,
cual luz naciente de un dulce despertar,
con ese fuego helado en la mirada,
con hielos de fuego en sus labios,
trastocando mis noches y mis mañanas,
en este fuego dulce con sabor a enamorada.


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