Me pinto de magentas y alberos, ácidos y sutiles a mi tacto y mi olfato.
Pasan también, las mortajas bordadas con lirios negros, de mi poeta Lorca.
Las yemas de mis dedos palpan el aire de mis sur y las lagrimas del chico, se hacen mías en este instante, que miro y veo, a lo lejos, la roja alhambra.
Tiempos de crecer, me gritan. Tiempos de avanzar.
No pierdo la cuenta de los años amargos, del luto continuo, de ese crujir de tafetanes negros en el fondo de mis sueños, de mármoles fríos y claustros encintados de geranios.
Después de compartir con juglares de tiempos viejos, no habrá mas albahacas en las ventanas que puedan espantar los ay de las guitarras.
Rutinas y no musas. Pezuñas y no alas, quizás esas fueran las armas necesarias que revienten los panales de las cañas y las jaras, y dejen los altares vacíos de almas.
He saboreado la sal del mar pintado en los versos de Alberti, las gaviotas me enseñaron, que se puede volar mas alto aun y mas lejos, también me dijeron, que no siempre son importantes los nortes,
siempre que vueles ligero.
Marina.
